COMA, EL DESPERTAR MAS DIFICIL

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COMA, EL DESPERTAR MAS DIFICIL

Mensaje por Jorge el Dom Oct 26, 2008 10:02 pm


El despertar más difícil
La pesadilla tras salir del coma no termina ahí: la vida se convierte en un duro camino con secuelas muy graves que superar

Cada mañana, cuando Minnie Smith se despierta junto a la cama de su hija, le saluda con un «Hola, ¿cómo estás? Es una rutina que repite desde hace más de siete años, el tiempo que Christa Lilly lleva en estado vegetativo en su casa de Denver, en Estados Unidos. Era una pregunta sin respuesta hasta que un día Christa alteró la rutina familiar con un: «Estoy bien». Estas dos palabras fueron el principio de tres días de consciencia. Esta es una historia real. Ocurrió el pasado mes de marzo y es uno de esos casos que avivan la esperanza en el coma. Casos de personas que despiertan de un estado vegetativo como si hubiera sido un mal sueño. Abren los ojos y comienzan a hablar, como si nada hubiera ocurrido.
Son las mismas historias que atrapan el interés del cine, de películas como 'Hable con ella' o 'Goodbye Lenin', que ayudan a la confusión. La realidad es otra bien distinta. Muchos sobreviven tras pasar por un estado de pérdida de conciencia profunda conocido como coma, pero casi siempre con graves secuelas físicas, psíquicas y, cuanto menos, emocionales. La recuperación es muy lenta. El caso más reciente es el del profesor Jesús Neira, en coma desde que una paliza por defender a una mujer le robó la consciencia. Estaba en un coma profundo desde el pasado 6 de agosto, hasta que hace dos semanas empezó a mover las manos y a responder con monosílabos. Desde entonces apenas ha habido progresos. Su evolución es «lenta pero favorable», reza el parte médico del viernes. Su despertar parecía el final de la pesadilla. Pero Neira sólo ha dado el primer paso en un recorrido, donde los «milagros» se cuentan con los dedos de una mano.
He aquí tres de esas historias sin final feliz. Cuatro rostros de los 30.000 menores de 25 años que cada año sufren un traumatismo craneoencefálico en España. Cuatro vidas «resucitadas» a los que el coma les ha pasado factura.
Álvaro no recuerda nada de aquella noche de invierno de hace tres años en la que se empotró contra un camión. Unas copas de más o quizá un despiste hizo que su amigo perdiera el control del coche. A él no le ocurrió nada, pero a Álvaro el impacto le sumió en un sueño profundo del que no despertó en siete semanas. Cada día un tropel de amigos y familiares le hacían su propia rehabilitación. «Le leían, le contaban chistes, los resultados de los últimos partidos de fútbol, incluso jugaban con él al mus», recuerda su madre, Josefina. Sus cosas, sus fotos, también empezaron a formar parte del decorado del Hospital La Paz. Puede que no sea posible recuperar el cien por cien de las capacidades, pero la rehabilitación es la única oportunidad de estos enfermos.
Al final despertó, pero no de un plumazo. «La televisión nos tiene engañados y nos miente con sus recuperaciones 'milagro'. La gente no despierta de un coma como de una siesta», cuenta Álvaro.
Los 45 días que estuvo sin consciencia también son una página en blanco para Beatriz. Los recuerdos de su accidente de coche son retazos hilados por otros. Por eso, sabe que hace cuatro años, «un demonio que se dio a la fuga» le sacó de la carretera y la dejó allí tirada. Salió despedida del coche y terminó en la UVI del Hospital de Getafe. Hoy vive gracias a esa ambulancia providencial que pasaba por aquella rotonda maldita. «Tenía 25 años, un novio, una tienda de ropa y una vida por delante», apunta María, su madre. «Ahora con 29 años está empezando a vivir otra vez. Sin amigos, sin su negocio y sin su novio de siempre.
No tirar la toalla
Cada caso es único y el lema es no tirar nunca la toalla. Si alguien ha seguido minuciosamente esa consigna son los padres de Marta. Llevan veinte años dedicados a mejorar su calidad de vida. Han creado un nuevo futuro en torno a su hija en la que cada actividad se interpreta como una oportunidad de rehabilitación. Marta es uno de esos casos de mal pronóstico. Un accidente de moto le llevó a la mesa de operaciones. Tras el batacazo estaba consciente, incluso bromeaba con su padre mientras esperaba la intervención. Los problemas llegaron en el quirófano: un fallo en la anestesia le privó a su cerebro del oxígeno necesario, hace diez años.
Aquella chica de 18 años se despertó de un coma profundo que duró un mes. Estuvo ocho años sin hablar y quince sin caminar, pese al trabajo intensivo de la familia y sus terapeutas. Después de veinte años aún necesita apoyo para caminar por sus problemas de equilibrio y habla con dificultad. «Nos dicen que es milagroso lo que hemos conseguido. Yo solo sé que nunca hemos abandonado y nunca lo haremos por pequeños que sean los progresos».

FUENTE:nortecastilla.es
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